"Las elegidas" Novela ganadora del Certamen Nacional de Literatura Erótica 2016
Cuentos Fantásticos y de Terror
martes, 28 de julio de 2020
¡¿Quién quiere las riquezas de Zteot?! Por Rogelio O. Retuerto
miércoles, 16 de octubre de 2019
"Lidia" de Eugenia Zuran
Eugenia Zuran es una escritora argentina que he conocido hace poco. La conocí a través de un relato que envió a la convocatoria Amar en Tiempos del Fin que impulsáramos desde Revista Cruz Diablo. A veces arribo a la conclusión de que Cruz Diablo tiene un objetivo general y otro particular. El general es dar a conocer a los nuevos escritores del género. Construir un puente de letras entre los ávidos lectores de King, Poe, Lovecraft, Asimov, Dick, Bradbury y los escritores que intentan seguir sus pasos. El particular anida en lo profundo del inconsciente y, como todo lo oculto en los laberintos del ser, constituye un deseo, un sueño. Ese deseo se satisface cuando conozco escritores y escritoras nóveles que me deslumbran. Desde esa finalidad, Cruz Diablo se convierte en un señuelo para atrapar a escritores/as ávidos/os de ojos que los lean y almas que los sueñen. Sí, Cruz Diablo también es una trampa para atrapar escritores (en cada publicación media docena de ellos quedan atrapados en las tierras de la inmortalidad. Aunque lo deseen, de allí no se puede salir. Cada vez que escribimos nos hacemos inmortales). En la última convocatoria conocí a una joven escritora de Ramos Mejía: Eugenia Zuran. “Lidia” es su primera novela y es una novela digna de ser leída por todos aquellos que son amantes del susupense, el misterio y el thriller psicológico. Escrita con una prosa sencilla, pero impecable, hace recordar por momentos a la pluma del californiano John Saúl. A quien haya leído “Cuando sopla el viento” del escritor nacido en Pasadena se les hará imposible no encontrar similitudes con “Lidia”, no porque pretenda ser una copia (intuyo ,incluso, que la autora puede no haber leído a John Saúl. Hay escritores que nacen con un espíritu compartido, y el de Saúl y Zuran se parecen), sino por el papel de los personajes y el estilo narrativo. Una abuela que porta un extraño misterio en su sangre; una tragedia familiar que, conforme avanza la lectura, nos hace dudar si la tragedia que sacude la vida de Lidia no es preexistente, incluso, a su propio nacimiento ¿Estaba sellado el destino de Lidia desde antes de su nacimiento? A muchos les quedará la sensación de que así es. Sí en la novela de John Saúl hay misterios que habitan en el viento, en la de Zuran hay misterios ocultos en las sombras. En ambos casos ejercen una extraña influencia sobre las protagonistas. Lidia es una elegía contra el encierro. Lidia nace en un claustro cuando llega a este mundo. Casi toda la novela transcurre en el encierro de su casa, en el encierro de su destino infranqueable. El encierro también estará simbolizado por el papel que jugará en su destino la vida que se desarrolla entre los muros de un orfanato. Todo aquel que pueda leer Lidia debería hacerlo. Es una novela corta que invita a ser leída de un tirón. Los que vivan en Buenos Aires y deseen conocer a la autora y acceder a su novela, se podrán encontrar con ambas en la presentación que hará Ediciones Alfeizar en ESPACIO ESFERA, Talcahuano 287 (entre Sarmiento y Perón) CABA, el viernes 22 de noviembre de 2019 de 19 a 21hs.
lunes, 25 de marzo de 2019
Solución Final
domingo, 30 de septiembre de 2018
"Donde todo termina" (Mención de Honor Instituto de las Letras 2016)
A Marcelo
No sé para qué volví a las islas. Tal vez, para reencontrarme con el pibe que deje acá hace treinta y cuatro años. Lo único que recuerdo fue levantarme una mañana, agarrar la pistola y ponerle una bala en la recámara. Después, no recuerdo más nada. Sí recuerdo mi soledad: una sensación fría y amarga, insoportable. Quizás todo comenzó cuando decidí presentarle batalla a la soledad ¡Qué burla del destino! «La Soledad». Esa fue siempre fría y dura como una roca. De la de al lado no pienso hablar. En esa murieron Tito y el gordo Roque. «Malvina». Es la más fría (y la más funesta).
Acá perdí un ojo y una pierna. Quizás por eso los kelpers dejaron que me quedara, porque dicen que nací acá, que es a dónde pertenezco, que en estas islas nací de nuevo hace treinta y cuatro años.
Creo
que fui yo el que comenzó todo, porque este lugar es tan chico que acá nadie
pierde nada. Sin embargo, tuve que venir yo a perder a mis amigos. Después
perdí un ojo y una pierna y, con ellos, mi país perdió una guerra.
Cuando
regresé a las islas me dieron una casita y un gato negro. Lo de la casita lo
entiendo, pero ¿el gato? Creo que me lo dieron para ponerme a prueba, para ver
si sigo perdiendo cosas. Y no se equivocaron, porque lo perdí. Hice un montón
de avisos escritos con marcador en hojas de carpeta y los pegué en todos los
postes de la isla. Mi sorpresa sobrevino al día siguiente, cuando agarré mis
muletas y salí a dar una vuelta. Los carteles estaban, pero habían perdido
todas las letras. Fui a casa y busqué el marcador, pensé que se podía haber
borrado (aunque no había llovido); pero no: era de tinta permanente. Al día
siguiente salí y los carteles habían desaparecido (aunque no había soplado el
viento). No me preocupé. El problema llegó cuando desaparecieron los postes, y
no porque me diera miedo el suceso, sino porque toda la isla se quedó sin luz.
Después desaparecieron las veredas, lo cual no constituyó ningún problema: la
gente comenzó a caminar por las calles (acá nunca hay transito). Pero
seguidamente desaparecieron las calles y todo el mundo quedó encerrado en sus
casas. Luego desaparecieron las casas con todo el mundo adentro. Por último,
desapareció la isla y me quedé flotando en este mar de recuerdos.
Podría
haberme sentido culpable, pero no lo hice. Después de todo, fueron ellos los
que me dieron el gato.
Sé lo que sigue y no me asusta. Quizás podría nadar
hasta la isla de al lado, esa en donde murieron Tito y el gordo Roque. Pero ahí
me asalta el miedo de que todo comience de nuevo. Prefiero permanecer acá,
donde todo termina, y quedarme flotando por el tiempo que esto dure.
jueves, 27 de septiembre de 2018
"El Jachirú"
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