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Cuentos Fantásticos y de Terror

Novelas Cortas

miércoles, 3 de agosto de 2016

"Cabal" de Clive Barker. (Sobremesa literaria)

Hace algunos días terminé de leer "Cabal" de Clive Barker. No sería nada nuevo decir que la literatura europea dista mucho de la estadounidense, pero es un dato que no puede dejarse de lado a la hora de reseñar la obra de un escritor británico, con la particularidad que los escritores británicos son muy distintos en prosa y estilo a sus hijos culturales de América. Cabal es un libro que ya lleva más un cuarto de siglo de haber sido publicado. Lo primero que sorprende de la novela de Clive Barker es la originalidad, tanto en la ambientación como en la trama, pero también en ese lúgubre velo con el que los británicos parecen cubrirlo todo. Barker no ubica zombis debajo de la tierra de un cementerio (como nos tienen acostumbrados hasta el hartazgo), tampoco las bóvedas conducen, a través de sus escaleras interiores, a la guarida secreta de vampiros (recuerdo un viejo cuento de Robert Bloch, entre tantos otros que han elegido esa opción). Los seres que habitan bajo el cementerio de Midian son una raza creada por Barker en la cual no ha necesitado echar mano a la tradición del género ni pedir prestado elementos a las mitologías ya conocidas, sean estas culturales o literarias. No pienso dedicar una sola línea a la interpretación que cierta corriente de críticos literarios han hecho con respecto a la obra de Clive Barker a través de su condición de homosexual. Por un lado, porque la genialidad de un artista no conoce géneros y por otro, por respeto al autor, quien a pedido de manera confesa que no se analice su obra sobre esos parámetros. La naturaleza de lo monstruoso sigue siendo un rasgo distintivo en la obra de Barker. En cabal nos encontramos con una comunidad de monstruos marginados cuya naturaleza es ambigua. La maleabilidad de la carne es un rasgo distintivo de esta raza de la noche, sus propios efluvios guardan el poder letal con que cuentan para defenderse. La condición de animales con capacidades de conversión antropomorfa es un aporte más que interesante que va cerrando la apuesta de Barker de crear su propio bestiario. Los engendros de la noche (como se los llama en la novela) rinden culto a Bophamet, un dios de pedazos de carne ardiente, cuyo ardor es producto de un fuego frío. Bophamet está muy alejado de la concepción judeocristiana en la que se basaron desde Bram Stoker hasta los pioneros del género para esbozar sus mitologías. Incluso el magistral Stephen King se ha basado en mitologías preexistentes para el desarrollo de su obra (La resucitación de la carne va desde la tradición cristiana en "Salem´s Lot" hasta las creencias originarias en "Cementerio de animales"). En Cabal, Clive Barker intenta y logra esbozar una mitología novedosa y particular para la obra. La raza de Midian está compuesta por seres monstruosos de carne maleable, con capacidad de mutar su aspecto de animal a humano o exponentes antropomorfos. Sería muy difícil, a diferencia de otras novelas de terror, especificar la sustancia de la cual se componen los monstruos de Midian. No es la solidez de la carne, ni la insustancialidad del alma, es un estado intermedio, pues nunca pierden su carnosidad corpórea, pero utilizan el miasma de sus espíritus para poder mutar. Sin embargo, como sucede en muchas historias de terror, los monstruos de Barker se encuentran indefensos bajo la luz del sol. El juego entre tópicos opuestos (normalidad – anormalidad / vida – muerte / dolor – placer / sexualidad – castidad) y la ubicación del “monstruo” en el papel de víctima de la furia y la violencia de los “normales” (aquí “naturales”) es un clásico e interesante recurso que nos hace recordar las reflexiones finales de Richard Mathenson en “Soy Leyenda”. Hacía el final de la obra este enfoque se profundiza a través de la deshumanizada destrucción de las profundidades de Midian, hecho que se presenta como un “genocidio”. La brutalidad y la violencia policial está de manifiesto, aunque también se lleva a cabo con la complicidad de los civiles. Encierra una paradoja que en una obra de estas características sea un sacerdote el que brega por la misericordia hacia los engendros de la noche. La perversidad está ubicada en el campo de los llamados “naturales”: la violencia y el abuso policial, el psiquiatra esquizofrénico, el cura y su travestismo secreto, la sed de sangre de los parroquianos. Por su parte, una línea de comportamiento más “natural” se encuentra en los engendros de la noche: comen carne por corresponderse con su naturaleza. No desarrollan actitudes perversas, es decir: no hacen daño por el mero hecho de incursionar en el terreno de lo malvado y lo prohibido. Quizás uno de los meritos más logrados de Barker haya sido introducir elementos fantásticos en un género literario que hacia finales de los años 80 se estaba convirtiendo en muy “realista”. Muchos no van a encontrar en Cabal la mayor obra de Clive Barker (quien escribe la ubica entre las tres mejores el autor), pero si una de sus obras más originales. Esta obra es contemporánea de “It” del genio de Maine. Se publicaron con apenas dieciocho meses de diferencia. Es satisfactorio imaginar al londinense pensando en los engendros de la noche, desvelándose, imaginando cómo sería ese mundo subterráneo debajo de un cementerio desconocido. Cruzando el océano, en una casa de descanso a orillas de un lago, otro genio se revolcaba en su lecho, soñando con las abominaciones que se ocultan en las alcantarillas de la ciudad. Esas lucubraciones parieron dos obras magistrales. “Cabal” es una de ellas.

1 comentario:

  1. Buena crítica. Te entran ganas de releerlo. Pensar que cuando ví la película, allá por los noventa, no sabía de la existencia del libro. Gracias por la reseña, trae recuerdos de buena lectura.

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