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domingo, 19 de junio de 2016

Stephen King, Bruce Springsteen y la clase trabajadora de los Estados Unidos (Reivindicando la cultura chatarra)

Hoy estuve tomando un trago junto a unos amigos en un bar. Estábamos hablando de Stephen King cuando en el televisor del local el único mozo del lugar sintonizó el canal Sund de Directv. Se ve que tenía autosintonizada la programación. También se ve que el flaco del bar era fanático de Bruce Springsteen porque el programa era “Springsteen & I”, un documental sobre la vida de Springsteen y el impacto de su música en la vida de fanáticos de todo el mundo; documental que resultaría, por cierto, bastante tedioso para quien no sea fanático, aunque por demás interesante para el interesado en echar un vistazo al funcionamiento de la sociedad estadounidense. Muchos se preguntarán a esta altura ¿qué tendrá que ver todo esto con Stephen King? Créanme que realmente mucho. En un momento el flaco del bar subió el volumen. Era la parte en que Bruce Springsteen se presentaba en un estadio de los Estados Unidos repleto de gente. Mi amigo miró la pantalla y dijo:
–Sacá eso. Este tipo es un tarado. No sé cómo puede llenar estadios. 
–Yo si sé –le dije.
Se quedó mirándome.
–¿Qué? –me dijo.
–Que yo sí sé por qué llena estadios.
Continuó mirándome como si no entendiese el punto.
–Mirá –le dije–, ¿por qué Stephen King tiene tanto éxito?
–No vas a comparar a Stephen King con este tipo –me dijo.
Le pedí que me conteste la pregunta y comenzó a hablarme de lo simple, pero a la vez rico de la narrativa de Stephen King, de la imaginación del tipo y de las historias atractivas, de la facilidad para generar empatía entre los lectores y sus personajes. Todo eso era cierto, pero yo le expuse las razones por las cuales yo creía que Stephen King era tan exitoso. Le propuse, como ejemplo, “It”. Le pregunté que le llamó la atención de "It", más allá de la historia. Mi amigo también escribe, no escribe historias de terror, pero es un ávido lector, leyó varios libros de Stephen King y escribe desde hace mucho tiempo. Obtuvo una mención honorífica en un certamen de novela histórica en España hace algunos meses. Conoce de literatura y de escritura creativa. Me dijo que lo que más le llamó la atención de "It" fue el tratamiento que hace el autor sobre los personajes. La primer parte del libro es una presentación de una docena de personajes. Los describe en la infancia y después los describe de adultos; los sitúa en la infancia para luego recorrer sus éxitos y fracasos de la adultez y luego retorna una vez más a la infancia.  A lo largo de las primeras ciento cincuenta páginas uno termina conociendo a los personajes de la novela hasta en los mínimos detalles. Todo eso es cierto, pero yo le recordé un pasaje que, a mi juicio, es un exponente del éxito de King entre el público estadounidense. Le hice recordar la escena en que Georgi baja al sótano de su casa, en el comienzo del libro. Cuando desciende las escaleras un profundo terror comienza a apoderarse de su ánimo. El niño recuerda los demonios de los que escuchó hablar a los adultos. Esos demonios no son vampiros, no son licántropos, mucho menos muertos vivientes ni fantasmas. Georgi dice que teme que aparezcan allí abajo los “comunistas” y los “japoneses”, los “locos asesinos” que irrumpen para matar gente en cualquier parte. ¿Qué representa esto sino los más profundos miedos de la sociedad estadounidense? Pero King no se queda ahí. Describe de una manera magistral (e irónica, por cierto) el modo de vida norteamericano y los ideales de la cultura estadounidense. Fíjense cuando John Telaraña Garton declara ante la policía. King lo describe vistiendo “como Bruce Springsteen”. Y después lo compara con John Cougar Mellencamp. Bruce es el estereotipo del trabajador, de clase media baja de los Estados Unidos: el operario de la industria, el camionero y transportista, el empleado de servicios, el empleado de comercios. Springsteen realza en su música los valores simples del modo de vida americano y fija el sueño americano no en convertirse en empresario exitoso, sino en un trabajador que encuentra su veta para alcanzar la felicidad en una sociedad con el horizonte muy difuso y acotado. En otro documental sobre la vida de Bruce Springsteen, una cajera de supermercado dice –cuando escuché “Días de Gloria” de Bruce Springsteen me di cuenta que podía ser feliz siendo cajera de supermercado, que el sueño americano esperaba dentro mío. Siempre quise escribir. Cuando estaba en preparatoria participaba de los talleres literarios del colegio. Aquellos fueron mis “Días de Gloria”. Pero ¿por qué quedaron sepultados en mi juventud? Ahora por las noches, al volver a casa, escribo mientras escucho a Bruce. Me di cuenta que yo podía ser escritora. No soy cajera de supermercado, soy una escritora que sobrevive trabajando en un supermercado”.  Mellencamp representa lo mismo, pero en el sector de población rural. Son los hombres y mujeres que desde la música no predican el conformismo (como muchos piensan), le llevan esperanzas a los trabajadores y los hacen sentirse orgullosos de quienes son. Pero no pierden ocasión para denunciar las contradicciones de una sociedad que esgrime como máximo baluarte la "libertad". Y de alguna manera, a través de una narrativa magistral y embutiéndolo en medio de una de sus historias (It), King marca los puntos débiles de la sociedad estadounidense: homofóbica, anticomunista, xenófoba, machista y patriarcal, temerosa de los fantasmas del “terrorismo”. Nótese en “It” que Gartón justifica el ataque a Mellow y Hagarty (homosexuales) diciendo que se sintió herido en su “orgullo cívico”. Es muy, pero muy fuerte. Es como si en Argentina de los años `70, en una novela, alguien matase a un homosexual y en la historia se plasme que lo hizo por sentirse herido en su “ser nacional” o en su “argentinidad”. Stephen King interpela a la sociedad estadounidense desde su costado más profundo y lo mismo hace Bruce Springsteen desde la música. No es casual que exista una conexión muy profunda en el imaginario de la sociedad estadounidense entre Stephen King y Bruce Springsteen. Uno desde la música, otro desde la literatura;  uno echando mano a sus miedos, el otro enarbolando las grandes esperanzas. Ambos interpelan a la sociedad estadounidense de la única manera en que se lo puede hacer en una sociedad de características tan controversiales: desde el arte. Ahora (al igual que hice con mi amigo) los invito a leer la letra de una de las canciones más emotivas de Bruce Springsteen: “Death to my hometown”
(La muerte a mi ciudad natal) 

"Ninguna bala de cañón se disparó 
Ningún rifle nos detuvo 
Ninguna bomba cayó del cielo 
La sangre no empapó el suelo 
Ningún destello de pólvora nos cegó 
Ningún trueno mortífero resonó 
Pero tan seguros como la mano de Dios 
Trajeron la muerte a mi ciudad natal 
Trajeron la muerte a mi ciudad natal, muchachos. 

Ningún navío surcó 
El cielo nocturno 
Ninguna ciudad ardiendo 
Ningún ejército arribó a las orillas 
Por las que moriríamos 
Ningún dictador fue coronado 
Desperté en una noche silenciosa 
No oí ningún ruido 
Los merodeadores asaltaron por la noche 
Y trajeron la muerte a mi ciudad natal, muchachos. 
La muerte a mi ciudad natal 

Destruyeron nuestras familias, nuestras fábricas 
Y nos quitaron nuestros hogares  Dejaron nuestros cuerpos en las planicies 
Los buitres arañaron nuestros huesos 

Así que escúchame bien muchacho 
Estate preparado cuando ellos vengan 
Pues regresarán 
Tan seguro como de que saldrá el sol 
Ahora búscate una canción que cantar  Y cántala hasta que acabes 
Cántala con fuerza y cántala bien 
Manda a los magnates ladrones directos al infierno 
Los avariciosos ladrones que volvieron 
Y devoraron la carne de todo lo que encontraron 
Y cuyos crímenes han quedado impunes 
Y que ahora andan por las calles como hombres libres 

Trajeron la muerte a mi ciudad natal, muchachos. 
La muerte a mi ciudad natal, muchachos.
La muerte a mi ciudad natal, muchachos.
La muerte a mi ciudad natal" 


Algún argentino desprevenido y con el disco rígido de su cabeza formateado por los medios de comunicación podría interpretar que se trata de una denuncia ante la creciente ola de inseguridad. Nada más alejado. Esta canción es una denuncia directa a los “magnates ladrones que hay que enviar directo al infierno” a “los avariciosos ladrones que volvieron y devoraron la carne de todo lo que encontraron”, es una denuncia a los viles causantes de la crisis de las hipotecas en los Estados Unidos, crisis que sumió en la pobreza a vastos sectores de la clase media trabajadora de los Estados Unidos, clase de hombres y mujeres para los que compone Bruce Springsteen y clase de hombres y mujeres para los que escribe Stephen King. 
Y sí, se ha tachado hasta el hartazgo a ambos artistas de producir “cultura chatarra” y de ser “prolíferos productores de material consumista”. ¿Acaso para ser un artista popular no es menester que lo que uno produzca sea entendido por el pueblo y sea “consumido” y asimilado por el pueblo? Porque de lo contrario uno se convierte en un artista de élites exclusivas, de círculos snobistas y como dijo Stephen King “Si Dios te ha dado algo de talento, también te ha dado cierta cantidad de años. Así que ponte a escribir” Yo quiero cien novelas más de Stephen King y cien discos más de Bruce Springsteen, so pena de ser tachados bajo el rótulo de “prolíferos productores de cultura chatarra”. No me importa. Stephen King y Bruce Springsteen no solo pintaron su aldea como pocos, sino que lo han hecho como genuinos exponentes artísticos de su cultura. El Rock en un género de raigambre popular. En este sentido Bruce Springsteen corre con una ventaja. La literatura, en cambio, es un arte que aún dista de ser “popular”. La literatura aún conserva ciertos vicios de círculos aristocráticos y snobistas. Esta es, tal vez, la desventaja con la que cuenta Stephen King. Pero créanme que el genio de Maine se las ingenia para dar pelea todos los días en su cruzada por hacer de la ficción popular un género que enamore al pueblo a través de las letras. Si King y Springsteen son “cultura chatarra” o “la chatarra de la cultura”, pues reivindico, entonces, la cultura chatarra. En ella se encuentran los hombres que saben expresar los sentimientos más profundos de nuestra gente de a pie.